CINE NÓRDICO

 HEADHUNTERS

(Dirigida por Morten Tyldum –Noruega, 2011)


“Primera Regla: asegúrate de que lo sabes todo acerca de aquéllos a quienes visitas. Segunda: nunca te quedes más de diez minutos. Cada minuto que pasa aumenta la posibilidad de que vuelvan a casa inesperadamente. Tercera: no dejes rastros de ADN. Cuarta: no pierdas tiempo en conseguir una copia cara. Aunque la falsificación sea barata, se tarda semanas en descubrirla. Quinta. Tarde o temprano ocurrirá una de estas dos cosas: o encontrarás una obra tan valiosa que se acabarán todas tus preocupaciones o… te pillarán”. 


Con esta impactante declaración se inicia el metraje de “Headhunters”, la adaptación de la novela homónima del escritor noruego Jo Nesbø, galardonada por el Norwegian Book Club Prize como la mejor novela del año. Una trama pulida y astuta, que atrapa desde el primer momento a lectores y espectadores (a pesar de omitir y variar algunos detalles en el guión con respecto a la novela). 


Recurriendo de nuevo a la voz en off  se nos presenta a la pareja protagonista: 


“Me llamo Roger Brown (Aksel Hennie) y mido 1’68 cm. No hay que ser psicólogo para saber que eso hay que compensarlo… Cuando alguien como yo quiere algo, sólo necesita una cosa: dinero. Mucho dinero”


“Diana Strom-Eliassen (Synnøve Macody Lund) es guapa, alta e inteligente. Es de esas mujeres acostumbradas a que las amen. Lo dan por hecho. Y hay muchos hombres que están deseosos de amarlas y que miden más de 1’68 cm”. 


Diana, galerista, y Roger, cazataletos, forman una pareja a simple vista, consolidada, si no fuera por el irresistible atractivo de Clas Greve (Nikolaj Coster-Waldau) que entrará en el juego como tercer ingrediente. Mezclémoslo todo con edificios pulcros, imágenes nítidas, magistrales interpretaciones, lujos, traiciones, una potente banda sonora que nos conduce por el suspense y una obra maestra: La caza del jabalí de Caledonia de Peter Paul Rubens. Y ambición. Mucha ambición. 


Sin duda, uno de los thrillers imprescindibles que ha dado a luz el boom de la novela negra nórdica. 


“Abrí la nevera y pensé que era el primer día que me despertaba siendo un asesino”. 

                                                          

“Una colisión entre dos vehículos es pura cuestión de física. Todo depende de las casualidades, y las casualidades pueden explicarse con una ecuación: fuerza multiplicado por tiempo es igual a masa multiplicado por aceleración. Y si consideramos esas casualidades como variables, obtendremos un relato sencillo, verídico e implacable”. 


“Las almas nobles y fieles suelen tener la mala costumbre de sentir lealtad hacia las personas más infames. Sí, preferiblemente hacia los infames”. 



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OSLO, 31 DE AGOSTO

(Dirigida por Joachim Trier – Noruega, 2011)


Beber es algo emocional. Te sacude frente a la estandarización de la vida de todos los días, te lleva fuera de eso que es lo mismo siempre. Tira de tu cuerpo y de tu mente y los arroja contra la pared. Tengo la impresión de que beber es una forma del suicidio en la que se te permite regresar a la vida y comenzar de nuevo al día siguiente. Es como matarte a ti mismo y después renacer. Creo que he vivido diez o quince mil vidas ahora. 

CHARLES BUKOWSKI 


La película comienza con numerosas voces en off recordando Oslo… Después, la imagen de un hombre asustado y confuso sentado a los pies de la cama… Es Anders (Anders Danielsen Lie) y mira de reojo a la mujer que allí duerme. 


Un nuevo día, una ventana que se abre. Y nuestro protagonista caminando. Una autopista, un campo, un bosque, y finalmente, un lago. Un montón de piedras en el bolsillo… un primer intento de suicidio. 


Anders acude finalmente a la reunión que tiene con otros drogadictos y alcohólicos en el centro de desintoxicación en el que está ingresado. Lleva diez meses limpio. Comentan ese vacío. Esa oscuridad. Y en su salida, la droga, ese alivio. Y cuentan lo que todos quieren oír: “Te quiero, Anders. Te perdono”. 


Anders viaja después a Oslo para una entrevista de trabajo. Aprovecha para visitar a su amigo Thomas (Hans Olav Brenner). Es un encuentro tremendamente árido. Lleno de silencios que quieren contarnos cosas. Lleno de miradas que van cargando poco a poco la atmósfera. “Recaer no es una opción. Es un acto reflejo” responde Anders a los reproches encubiertos de Thomas. Y continúa diciendo “Tengo 34 años y no tengo nada”. “Tienes un cerebro” le recuerda Thomas en un intento de rescate. “Tengo un infierno” parece concluir Anders. 


Llegada la noche, llega “ese vacío”, llega “esa oscuridad”. Y finalmente, “ese alivio”. 


A partir de una libre adaptación de la novela “Fuego fatuo” de P. D. La Rochelle, el director noruego, primo lejano de Lars Von Trier, nos muestra la realidad de una enfermedad como es la adicción. Seres extraviados, que no supieron esquivar la tentación, ni después el golpe. Seres frágiles, que quizá en un principio lo tuvieron todo, como nuestro protagonista, aunque no sepamos muy bien, como él, qué es ese “todo”. 


No vemos, pero intuimos, a familiares, parejas y amigos asustados y fracturados. No escuchamos los gritos, ni las mentiras… ni los miedos, ni la desesperación. Pero está todo ahí. En nuestras ficciones y en nuestro mundo. Se agradece la valentía y la honestidad del cineasta, aunque esta vez, no haya dejado lugar para la esperanza en una hermosa noche de verano. 



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AMOR ES TODO LO QUE NECESITAS 

(Dirigida por Susanne Bier –Dinamarca, 2012)


- Finalmente Ida, tengo la obligación de decirte que pienses en una reconstrucción mamaria. 

- No, no creo. 

- ¿Tu esposo está de acuerdo en eso? 

- ¿Leif? Creo que sí. Leif me ama como soy, siempre y cuando le haga puding de limón una vez por semana. Le importa más los valores internos. Dudo que haya notado que me falta un seno. 


Este es el diálogo que abre el film, con el que se nos presenta a Ida (Trine Dyrholm) 

y con el que se nos sitúa como espectador en una consulta cualquiera, de una mañana cualquiera, de un día cualquiera. 

Cuando Ida vuelve a casa, cargada de limones, encuentra a su marido con una joven. Nuestra protagonista, casi sin poder creerlo, intenta mantener la calma, porque en unas horas debe despedir a su hijo que va a combatir a la guerra y porque en unos días debe preparar la boda de su hija que se casa en Italia. 

Será en el mismo parking del aeropuerto cuando esa calma se agrieta y accidentalmente, choca con el automóvil de Phillip (Pierce Brosnan), que también viaja a Italia porque curiosamente, es el padre del novio de su hija. 

A partir de aquí el espectador se ve envuelto en una explosión de colorido y de dulces melodías, de cielos rosados, de los azules intensos del mar, de los jardines de limones que rodean una antigua villa en Sorrento en la que se celebrará la boda de la joven pareja. 

En este edulcorado ambiente, los personajes y también quizá los espectadores, acaso nos vemos un poco forzados a concedernos un respiro, un alto en el camino, un descanso al corazón, un amanecer en silencio, esa sensación de renacer al bañarse completamente desnudos en unas aguas frías, en definitiva, una segunda oportunidad.  


Sabemos que no será fácil y que en el proceso habrá que tomar difíciles decisiones como Ida, descargarnos del pasado como Phillip, afrontar los verdaderos sentimientos como el joven novio y distinguir el amor de las ansias de amar como la valiente novia… pero aprenderemos la lección, y la próxima vez que la vida nos dé limones, nos haremos un buen zumo. 


[…] el sólo hecho de que nos hayamos conocido, me hace muy feliz, al menos a mí. Y estaré feliz el tiempo que tenga el placer de tu compañía, así sean diez minutos, dos años, o treinta años. 



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LA CAZA

(Dirigida por Thomas Vinterberg –Dinamarca, 2012)


La caza es una película difícil, de esas películas que resultan difíciles de ver y luego, difíciles de escribir. De ésas que acompañados de suaves acordes sentimos que se nos remueve todo por dentro: nuestras conciencias, nuestros prejuicios, hasta nuestros estómagos. 

Decía el cineasta sueco Ingmar Bergman que “ningún arte traspasa nuestra consciencia de la misma forma que lo hace el cine, tocando directamente nuestras emociones, profundizando en los oscuros habitáculos de nuestras almas” y el pulso de esta película es un buen ejemplo de ello.  

Lucas (Mads Mikkelsen) es un profesor de 42 años, atractivo y divorciado, con un hijo al que echa de menos, que intenta reconstruirse con un nuevo trabajo en un colegio infantil de un pequeño pueblo. En el intento se cruza con Klara (Annika Wedderkopp) una niña rubia de cinco años, cariñosa e imaginativa, hija de su mejor amigo Theo (Thomas Bo Larsen), personaje clave, imperfecto como nosotros, atrapado entre complicidades e incomprensiones. 


Llama nuestra atención como espectadores la belleza brutal de esos bosques otoñales daneses, plagados de silencios, en los que irrumpirá de pronto la violencia. 

Y llama poderosamente también nuestra atención las actuaciones contenidas de Lucas, encarnando esa “presunción de culpabilidad” y la de Klara, encarnando esa “presunción de inocencia”. Interpretaciones magistrales las de ambos, reconocidas y premiadas. 


De noviembre a diciembre, resonarán en nuestra memoria las palabras iniciales de Theo a Lucas: “Se nota cuando estás mintiendo, haces una cosa rara con el ojo ¿sabes? Es una especie de tic nervioso” y las palabras finales: “Conozco a mi niña, no miente, nunca lo ha hecho ¿Por qué iba a hacerlo ahora?”


De diciembre en adelante, nos veremos enfrentados al sufrimiento manipulado (víctima de abusos sexuales) de la hija de Theo y al sufrimiento real (víctima del rechazo social) del hijo de Lucas. Dicen que el tiempo todo lo cura, pero ¿y cuando se trata de sanar una comunidad entera? ¿y qué podemos hacer cuando planea la constante sombra de la sospecha? Al fin y al cabo, nuestras retinas parecen más acostumbradas a la barbarie y cada día, a todas horas, corroboramos que “el mundo está lleno de maldad” y que estamos obligados a ponernos del lado de los más débiles. 


Al final, de vuelta a la naturaleza, encontraremos el doble sentido del título de este film: La caza, y recordaremos inevitablemente aquella máxima latina “Homo homini lupus”: el hombre es un lobo para el hombre. Porque “la gente siempre da por sentado que los niños dicen la verdad, y por desgracia, muy a menudo, la dicen”. 



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DE CABALLOS Y DE HOMBRES (Hross í oss)

(Dirigida por Benedick Erlingsson – Islandia, 2013)



Desde entonces me buscó su mirada

dentro de mí, contra tantos dolores

padecidos por hombres y caballos,

y no me gusta, no, la suave liebre,

ni el león, ni el halcón,

ni los puñales de los tiburones,

sino aquella mirada,

aquellos ojos fijos

en la tranquilidad de la tristeza. 


PABLO NERUDA

“Oda al caballo olvidado” (1958)



Con una estela de 20 premios y 14 nominaciones, varios Edda Awards al mejor film, director, actor, guión…en Islandia pero también en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, Tokio Internacional Film Festival, Göteborg Film Festival… etc., llega a las pantallas la opera prima del director islandés Benedikt Erlingsson, más conocido como actor que como escritor. Una película de pequeños detalles y grandes logros, que desde los títulos de crédito (impresos en la piel de un caballo) nos anuncian su originalidad. Fotogramas silenciosos e insólitos, de hombres reflejados en el ojo del caballo, de caballos reflejados en el ojo del hombre. 


Resulta curiosa la elegancia con la que arranca el film al presentarnos a dos de sus protagonistas, Kolveinn (Ingvar Eggert Sigurðsson) un jinete vestido impecablemente, preparando su yegua, mientras en casa, Solveig (Charlotte Bøving) se arregla en espera de la visita de ambos. Y todos envueltos en una naturaleza tan instintiva como incontrolable. 


Resulta sorprendente los rituales hechos rutina: un paseo una mañana de domingo; y las rutinas hechas rituales: un termo de café acompañado de unos prismáticos. Exhibicionismo, cortejo, altanería, orgullo, coquetería… a través del manejo de los caballos. Pero también ambición, testarudez, obsesiones, envidias y vicios humanos que arrasan con cualquier tipo de ceremonia.


Resulta admirable el respeto a las tradiciones milenarias, muchas veces ligadas al cumplimiento a rajatabla de ciertos códigos para salvaguardar el honor de la afrenta, de la vergüenza, y que quizá sean para el espectador, lo menos entendible o lo más incómodo.  


Resulta paradigmática la belleza de la muerte en los animales, llena de ternura y compasión; y lo absurdo de la muerte en los hombres, rozando el patetismo y la comicidad. 


Pero resulta bienhallado el humor negro, verde y de todos los colores que se filtra en cada secuencia, como el paisaje o el clima islandés, a veces amable a veces implacable. 


En definitiva, como apuntábamos al principio, De hombres y caballos es una oda, con toda su poética y algo de aleccionadora, pues toda la maldad contra la naturaleza tal vez nos viene siendo devuelta. 



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ALGUIEN A QUIEN AMAR (En du elsker)

(Dirigida por Pernille Fischer Christensen –Dinamarca, 2014)


Thomas Jacob (Mikael Persbrandt): No tengo nada que dar.

Molly Moe (Trine Dyrhom): Nadie sabe eso de sí mismo.


Alguien a quien amar es la historia de un encuentro entre dos soledades. La de Thomas Jacob, un cantautor de fama mundial, afincado en Los Ángeles pero que regresa a Dinamarca para grabar su último álbum; y la del pequeño Noa (Sofus Rønnov), su nieto de 11 años, digno heredero de su talento y de su misma tristeza. 


Con una banda sonora escogida al milímetro, la directora danesa nos entrega cada fotograma envuelto en acordes y letras, ajustados magistralmente a la evolución de la historia. Un personaje que se presenta como un “sicario del amor” y que acabará susurrando “volverás a nacer, por alguien a quien amar”. Un drama que se asoma como un iceberg y que romperá con fuerza la superficie de protagonistas y de espectadores. 

Una fotografía gélida y distante que nos va conteniendo para hacernos estallar en mil pedazos al final. Y un humor extraño y como a destiempo, que se filtra en las grietas del hielo. Una directora que desde su primer film A Soap (2006), o A Family (2010), nos obliga a dar ese gran salto interior para que después volvamos a la vida. En definitiva, una directora para la que la bondad es sinónimo de amor. 


Destacar por encima de todo y de todos, la interpretación de Mikael Persbrandt (Aurora Boreal, En un mundo mejor, El hipnotista, El Hobbit: la desolación de Smaug…) un actor que siempre se sumerge hasta el fondo en sus personajes, con pasión, con sensibilidad y con valentía. Esta vez, en el clásico mito del artista que debe sacrificarlo todo y/o el gran dilema del hombre moderno de que el trabajo nos libera de toda obligación emocional. “Estoy lleno de decepciones y de mentiras” confiesa y canta nuestro viejo poeta, como si del lastre de los divorcios, de las drogas, del alcohol, de la enfermedad y de la locura que es intentar dejar atrás todo eso, nunca uno pudiera sanar. Pero su alma rebosa fuerza y belleza, y aunque tristemente llegue tarde para recuperar a su propia hija, aún no es tarde para salvar al joven Noa, y en el intento, salvarse a sí mismo, con su inocencia. “Viniste a mí en son de paz… Me entregaste tus ganas de vivir”… y es que a veces, para todos aquellos que huyen, el amor será su castigo.


Quiero hacer una canción de amor,

un himno de perdones, 

un manual para vivir con la derrota,

un llanto sobre el dolor,

un sacrificio recuperado… 


LEONARD COHEN



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FUERZA MAYOR (Force Majeure)

(Dirigida por Ruben Östlund – Suecia, 2014)


Miedo (del lat. “metus”) 1 (“Dar, inspirar, Coger, Sentir, Tener, Cundir, Propagarse) m. Estado afectivo del que ve ante sí un peligro o ve en algo una causa posible de padecimiento o de molestia para él. 2 Creencia de que ocurrirá o puede ocurrir algo contrario a lo que se desea. 


Héroe (del lat. "heros"). 


De repente, se produce una avalancha. Ebba (Lisa Loven Kongsli) reacciona protegiendo a sus dos hijos. Tomas reacciona recogiendo su iPhone y sus guantes y echando a correr. Fundido en blanco. 


Humor, sátira, personajes tan humanos como bellos que se perderán y se encontrarán en una interpretación impecable, y nieve, mucha nieve. 


Fuerza Mayor es un drama ¿un drama?... es una comedia ¿una comedia?... es el último film de Ruben Östlund, cineasta honesto donde los haya, que escribe, dirige y muchas veces produce, sus propias “honestidades”. Muestra de esto son sus tres largometrajes anteriores: The Guitar Mongoloid (2004), un relato con tintes de documental en el que se narraba las vidas de una serie de personajes, la mayoría haciendo de sí mismos y no siendo actores profesionales, residentes en la ciudad ficticia de Jöteborg;  Involuntary (2008) adjetivada por su creador como una “comedia trágica” o una “tragedia cómica”, que engarzaba cinco historias paralelas y en la que se analizaba ya el comportamiento humano como grupo. Llamó la atención su personal forma de rodar: larguísimas tomas sin cortes dentro de las escenas, mostrando así su experiencia en un género tan atípico como el “skiing films” donde un corte es la evidencia de un error; y Play (2011) polémica cinta inspirada en casos judiciales reales, y que puso de relieve temas como la discriminación, el racismo y la xenofobia, mediante un perverso juego psicológico entre adolescentes. 


Por todo ello, quizá podemos afirmar que Östlund es uno de esos directores molestos que paradójicamente van siendo nominados y premiados allá por donde van. Junto a Erik Hemmendorff fundaron su propia productora porque al salir de la escuela de cine, no querían pasarse 3 o 4 años esperando el “sí, quiero” de la industria que financiase sus proyectos. Querían aquí y ahora, y con toda la libertad creativa de la que fueran capaces. Confiesan que compartían la inspiración de un mismo profesor, Kalle Boman, y su consejo de nadar a contracorriente, siempre. 


Nada más acertado y metafórico que una avalancha para referirnos así al trabajo de Östlund, a pesar de ser un tipo de carácter más bien tranquilo. Con esa mirada contemplativa que caracteriza muchas veces al cine independiente, el director cuenta que le gusta observar a los humanos y sus reacciones desde el punto de vista behaviorista, exponiendo a sus protagonistas a unas situaciones (límites o cotidianas) que a los demás nos resultan incómodamente familiares. Todos podríamos ser Tomas. Y todos queremos ser Ebba, pero la odiamos. La odiamos porque con su valentía nos humilla, nos empequeñece, nos obliga a confesar nuestros miedos, nos presiona para reconocer nuestras debilidades. Y sólo cuando veamos en ella también el pánico y el error, que llegarán (siempre llegan) podremos levantarnos entonces como héroes.


Drama o comedia, Fuerza Mayor es un ejemplo más de honestidad con la que el cine sueco tiene el futuro asegurado. 



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COPENHAGEN

(Dirigida por Mark Raso – Canadá, 2014)



Skagen es un lugar muy especial en Dinamarca. Se encuentra en la zona más septentrional de Jutlandia, tiene una luz tan extraordinaria que durante siglos ha atraído el talento de muchos artistas. Pero ha sido también donde se han producido numerosos naufragios en tiempos pasados porque sus aguas, entrada del Mar del Norte hacia el Mar Báltico, son muy peligrosas. Este tramo de transición entre los dos mares está formado por dos grandes estrechos: Skagerrat, que separa el sur de Noruega de Dinamarca, y Kattegat, que separa el este de Dinamarca del oeste de Suecia. 


En una transición similar de sus vidas se encuentran también los protagonistas de la película. “Cuando estás solo, sin amigos y sin familia en que confiar, entonces descubres si eres de la clase de persona en la que se puede confiar” le dice un desconocido a nuestro protagonista William (Gethin Anthony). Es un joven americano que tras perder a su padre el año anterior, recibe una carta con una misteriosa dirección de Dinamarca, en la que se supone reside su abuelo. William emprende viaje a Europa acompañado de su mejor amigo en busca de su pasado. En el camino, perderá a su amigo; en su pasado, hallará fantasmas. En la aventura, se enamorará. 


Effi (Frederikke Dahl Hansen) es una chica danesa que está haciendo prácticas en un hotel en Copenhague. Cuando encuentra a William se ofrece para ayudarle y acompañarle en su búsqueda. Llama la atención la luz del personaje de Effi chocando con la oscuridad del personaje de William, como si se tratase de los dos mares nórdicos. La calidez de la primera va venciendo poco a poco la hostilidad del segundo. 


Al mismo tiempo, la pareja nos pasea por los sitios más hermosos y más conocidos de la ciudad que se prepara para entrar en el otoño: Los Jardines Tivoli, La Sirenita… y finalmente, Skagen. 


“Yo nunca me he enamorado” le dice William a Effi. “Claro que te has enamorado” le contesta la madurez adelantada de Effi. 


El espectador se encuentra así, frente a una cinta sin grandes pretensiones, pero con una sutil forma de narrar, llevándonos adelante y atrás en el tiempo, y asistiendo a la evolución de su protagonista. No siempre la familia es lo que uno espera. No siempre los amigos están cuando se les necesita. Y no siempre el amor se presenta cuando-donde-como uno desea. 



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EVEREST

(Dirigida por Baltasar Kormákur –USA, 2015)


¿Una montaña? De acuerdo, digamos que es una montaña. ¿Un ochomil? Desde luego, si crees que puedes medirla en metros. Pero deja que te diga una cosa. Cuando llegamos al valle del Diamir, uno de los viejos jefes diamiris me contó una historia, una especie de leyenda sobre el primer hombre que se atrevió a subir al Nanga. A mitad de escalada, la montaña se enfadó mucho por la osadía de aquel sahib y entonces le envió una tormenta y lo acorraló contra unas rocas y ya iba a matarlo cuando de pronto lo vio tan pequeño, tan insignificante, que simplemente cogió uno de sus dedos y lo arrancó de cuajo. El sahib cayó de rodillas, gritando, temblando, con la mano rota, salpicada de cristales de sangre, y oyó la voz de la montaña por encima del huracán: “vuelve por aquí cuando quieras. Cuando tenga tus otros cuatro dedos podré hacerme una mano de verdad”. 


NANGA PARBAT 

David Torres Ruiz


Basada en la tragedia del Everest de mayo de 1996, por aquel entonces, el ascenso del pico más alto del mundo, cuenta la aventura de dos grupos de alpinistas que tuvieron que enfrentarse, no sólo a una tremenda tormenta de nieve, sino a los peores obstáculos y a las peores decisiones. 


Jason Clarke, Josh Brolin, John Hawkes, Robin Wright, Emily Watson, Keira Knightley, Sam Worthington y Jake Gyllenhaal protagonizan esta especie de obra coral, que aun no ofreciendo alta calidad interpretativa, consigue atrapar al espectador con una fascinante fotografía y una crónica bien narrada. 


Continuando la estela del cine de montañismo, un género no siempre vinculado a lo deportivo sino a cierta propaganda racial con la que se simbolizaba el crecimiento personal con la escalada de montañas inaccesibles, la lucha y la comunión al mismo tiempo entre la Naturaleza y el Hombre, para finalmente doblegar a la primera y tocar el cielo. Dejando a un lado esta otra historia del cine, destacar entre todas los títulos de: 127 horas (Danny Boyle, 2011), Cara Norte (Philipp Stölzl, 2008), Tocando al vacío (K. Macdonald, 2003), Viven (Frank marshall, 1992), Máximo riesgo (Renny Harbin, 1993), K2 (F. Roddam, 1991), Cinco días, un verano (Fred Zinneman, 1982) y sobre todo, la favorita de quien escribe estas líneas,  Las aventuras de Jeremiah Johnson (Sidney Pollack, 1972). 


Más allá de estos referentes cinematográficos, el director islandés ofrece esta vez una historia sin manipulaciones, un paisaje realista, una puesta en escena de gran superproducción, que convence al público en general y satisface al montañero.   

Para ambos, recomendar sin ninguna duda, la lectura de Jon Krakauer “Mal de altura”, un testimonio que parece ficción por el acertado tono de su autor, y con el que viajamos a un tiempo lleno de intensidad, de superación, de leyenda y de gloria. 



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CORAZÓN SILENCIOSO (Stille hjerte)

(Dirigida por Bille August –Dinamarca, 2015)


“Todas las familias felices 

se parecen unas a otras, 

cada familia desdichada 

lo es a su manera” 

Anna Karenina

LEON TOLSTOI


Un despertador, una cama, una mujer que abre los ojos… 


Esther (Ghita Nørby) es una esposa, una madre, una abuela enferma que quiere despedirse de su familia en un fin de semana antes de acabar con su vida. 


Corazón silencioso es el último trabajo del oscarizado director danés Bille August, una cinta que nos atropella de frente con el tema de la eutanasia. Tenemos o no tenemos derecho a elegir, tienen o no tienen derecho a evitarlo… Y cómo soportar esas enfermedades terminales, ese sufrimiento sin fin… 


Las dos hijas muestran nuestras dos opciones. En un primer momento, Heidi (Paprika Steen) adopta la actitud del fuerte, del comprensivo, del responsable, del “es lo que quiere”, del “debemos respetarlo”… Sanne (Danica Curcic) adopta la actitud del sensible, del dudoso, del “y si se equivocan”, del “no estoy preparada”, del “yo necesito más tiempo”… Pero después estas posturas se enredan, se contagian, y nos descubren ese otro lado de las protagonistas… 


Con sencillez, con maestría, sin histrionismos, sin crueldad… August nos derrota como espectadores. Nos sentimos rodeados de una belleza extraña, de una calma sospechosa… Esos paisajes tan de Bergman para ahondar en los conflictos, en las relaciones, en las personas… Y en su evolución: “los días son lentos, los años rápidos” nos recuerda en algún momento uno de los personajes secundarios. Todos enormes en su interpretación, en su fragilidad y en su resistencia.


- ¿Sabes lo que me duele?-  pregunta nuestra Esther a su marido. 

- Que sus sentimientos no dependan de ti- contesta a su esposa. 


Un despertador, una cama, una mujer que cierra los ojos… 



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LAND OF MINE (UNDER SANDET)

(Dirigida por Martin Zandvliet –Dinamarca, 2015)


No es fácil encontrar libros o films que cuenten el destino de los millones de soldados alemanes presos tras la Segunda Guerra Mundial. Aquellos que acabaron en manos rusas, sabemos que fueron llevados a Kolima y Siberia. Pero aquellos que cayeron en manos aliadas (se contabilizan más de 600000) fueron –exactamente igual- víctimas de abusos y murieron de desnutrición o de enfermedad. 


Ahora nos encontramos a un director valiente, que trata de ofrecernos un relato durísimo y que hace auténticas filigranas para no incomodarnos demasiado como espectadores ni moral ni ideológicamente. 


La situación es la siguiente: quedaron alrededor de 45000 minas en la costa occidental danesa señalizada entre banderas negras y hay apenas una quincena de alemanes (entre la niñez y la adolescencia) encargados de desactivarlas en un periodo de aproximadamente tres meses. Si lo consiguen, se les promete la libertad. 


La historia es la del odio, la de la venganza… pero también del perdón. Frente a un corazón (el del sargento al mando de los muchachos) lleno de rabia, de rencor… pero en proceso de transformación. 


En resumen, algunos detalles oscuros de algunas almas perdidas en un lugar equivocado, de una guerra, como todas, igual de equivocada. 


Película premiadísima en su momento y recomendadísima ahora, frente a un mundo que parece resquebrajarse de nuevo: la desconfianza en los políticos, las crisis económicas, el aumento de la desigualdad, las sacudidas del terrorismo, las migraciones forzosas… “El fascismo eterno aún nos rodea, aunque lleve traje de paisano. Puede volver en cualquier momento, aunque se disfrace de las formas más inocuas. Nuestro deber es detectarlo, quitarle la máscara y denunciar en voz alta cada una de sus gestas” escribía Umberto Eco. 


Es increíble como un paisaje tan hermoso y lleno de luz pueda esconder bajo su arena tanta muerte y oscuridad. 



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UNA GUERRA (KRIGEN)

(Dirigida por Tobias Lindhom – Dinamarca, 2015)


Comandante: Yo también tengo hijos. 

Afgano: Tus hijos viven en un lugar seguro. A los míos los van a matar


El director Tobias Lindhom, profesional llegado de la publicidad, sorprendió con esta cinta al mundo siendo en su año candidata a los Oscars como Mejor Película de Habla no Inglesa. La historia nos traslada a la Guerra Civil Afgana en la que un grupo de soldados daneses (a los que suponemos parte de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad ISAF, un contingente de 39 países, entre ellos 26 miembros de la OTAN) participa en la contención talibán. 


Cuando una escarba en la etimología de la palabra “talibán”, descubre que proviene del pashtún y que significa “estudiantes”. Se trata de un préstamo del árabe y una terminación indo-iraní. Cuando una piensa en la simbología de la palabra “talibán” desde nuestro juicio y prejuicio euro-occidental, descubre que la imagen que tenemos está muy lejos de un estudiante. 


El novelista inglés Samuel Butler (1835-1902) escribió: “Basta el instante de un cerrar de ojos para hacer de un hombre pacífico un guerrero”. Siendo así, el espectador se encuentra ante un conflicto bélico (uno más) en el que toda decisión es interpretable, toda consecuencia es indeseable, pero de las mil lecturas, siempre, la más fácil es la antibelicista. 


Sin embargo, la vida nos pone ante algunas encrucijadas en la que no parece que haya ninguna respuesta correcta y que la conciencia, sabemos, se levantará como una sombra en un futuro inmediato. 


Por un lado, tenemos al comandante Pedersen (Pilou Asbæk). Junto a sus hombres le vemos en operaciones militares, desactivando minas, perdiendo a un muchacho de 21 años, ofreciendo comprensión, apoyo, calor, paciencia… cuando sus fuerzas flaquean y cuando el sinsentido cuestiona su labor allí. 


Por otro lado, tenemos a su esposa María (Tuva Novotny). Junto a sus tres hijos le vemos en Dinamarca llevando como puede la ausencia de su marido: colegios, comidas, reuniones de padres, accidentes caseros… soledad…


Estos dos mundos tan dispares se encuentran solamente unidos por las conversaciones telefónicas que mantienen la pareja por la noche. Sólo faltan tres meses para su vuelta. Pero estos dos mundos chocan cuando al día siguiente, una familia afgana pide ayuda al contingente danés. Su hija pequeña tiene quemaduras en los brazos. Los soldados limpian y curan las heridas de la niña. Pero cuando el padre pretende pasar la noche en el campamento, el comandante no puede concederles el permiso y les promete que al día siguiente les protegerán. 


Sin embargo, tenemos la impresión de que todo lo bueno del día, las buenas acciones, las buenas intenciones, es destruido por los talibanes durante la noche. 

Como decíamos, las responsabilidades del comandante le obligan a tomar decisiones y la muerte acecha detrás de cualquier gesto, de cualquier duda, de cualquier improvisación, de cualquier movimiento. 


Llama la atención poderosamente  las dos imágenes de unos piececitos que asoman, primero por una manta afgana, y después, por una manta danesa. 


Llama la atención las palabras, primero de un soldado: “nuestra responsabilidad es devolver a nuestros hombres de una pieza”; y finalmente las del abogado: “Si los soldados daneses, que son los que ponen sus vidas en riesgo, son los que son perseguidos por violación del código criminal militar basados en conjeturas, terminaremos llegando a un sitio que no queremos ir”. 


En medio, un último diálogo, una última reflexión, quizá, un final abierto: 


Klaus: Me toca cargar con las consecuencias. No puedo mentir.

María: ¿Tú, cargarás? ¿Te ayudará estar en la cárcel cuatro años? … Puede que mataras a 8 niños pero tienes 3 vivos en casa. 



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MÁS FUERTE QUE LAS BOMBAS (Louder than bombs)

(Dirigida por Joachim Trier –Noruega, 2016)


“Me inspiré en conocidos fotógrafos de guerra… pero no es 

una historia en torno a la profesión en sí. 

Es una historia acerca de la relación entre padres e hijos, 

y de las dificultades emocionales de una familia”. 

Joachim Trier


En 2013, Trier (Oslo, 31 de agosto, Reprise) fue incluido acertadamente, en la lista de los “20 realizadores” a tener en cuenta por el New York Times. Ahora presenta tras su exitoso paso por Cannes, su tercer largometraje, rodado íntegramente en la ciudad de New York y confiado en un prestigioso reparto. Una cinta bella, elegante, reflexiva, llena de ternura, llena de detalles, casi lírica. 


Gene Reed (Gabriel Byrne) es el cabeza de familia. Aunque ahora da clase, parece que tuvo un pasado cinematográfico y que renunció a su carrera por dar cierta estabilidad a los suyos. Aún así, en una conversación con su esposa, se autodefine como “pasivo y aburrido”. Algo injusto para este profesor que sobrevive sin apenas pensar en sus necesidades. 


Isabelle Reed (Isabelle Huppert) es la madre y esposa. Famosa fotógrafa fallecida tres años antes. “Pequeña e inteligente” encarna la lucha interna de todo profesional entre su carrera y su familia. Mal resuelta en su caso. 


Jonah Reed (Jesse Eisenberg) es el hijo mayor. A pesar de su aparente éxito, acaba de ser padre y es profesor en la universidad, está perdido. Parece ser el que más entiende pero es el que más miente. “Pequeño e inteligente” como su madre, acaso heredó también sus mismos miedos. 


Conrad Reed (Devin Druid) es el hijo menor. Con esa imagen de adolescente rebelde e intransigente, será el más valiente. Personaje dotado de una profunda sensibilidad, es el vector con el que todos chocan, pero tras la colisión, violenta e hiriente, acaso se reordenen las trayectorias de todos.  


Hablamos pues, de reconciliación entre la verdad y el recuerdo, de reconocimiento entre sentimientos de culpa y palabras no dichas. Todo se junta y todo estalla: la pérdida, el fracaso, el desamor, la traición… Pero lo fascinante de esta obra, es que protagonistas y espectadores, son rescatados como en un sueño, sembrando de forma poética, un poco de esperanza en cada dolor. 


“Ya aprenderemos” son las palabras de la nueva madre que pide paso. 



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LA COMUNA (KOLLEKTIVET)

(Dirigida por Thomas Vinterberg –Dinamarca, 2016)



En la tierra seremos reinas,

y de verídico reinar,

y siendo grandes nuestros reinos,

llegaremos todas al mar.


GABRIELA MISTRAL

“Todas íbamos a ser reinas”


Cuando Erik (Ulrich Thomsen) hereda de su padre, con el que llevaba más de veinte años sin hablarse, una casa de 450 m2 al norte de Copenhague, su mujer Anna (Trine Dyrholm) le anima a no venderla; a habitarla “un arquitecto debe vivir en una casa grande” le dice; y a que la compartan con otros amigos “necesito oír a otras personas” le dice. Ambos, junto a su hija de catorce años, emprenden la aventura comunista de convivir en el caserón con amigos de siempre y con algunos nuevos. Al principio, todo fluye: sol, sexo, nudismo, literatura de izquierdas, largas cenas y litros de vino. Anna se muestra encantada, llena, libre, feliz. Pero Erik parece incómodo, incluso aburrido, preocupado por los gastos, por su trabajo, y por la distraída Anna. Es entonces cuando aparece la hermosa Emma (Helene Reingaard Neumann), una estudiante de tercer grado de arquitectura. “¿Qué le entusiasma? Descúbralo” le aconseja Erik. Y lo que descubre después el propio Erik, es a una joven mujer entusiasmada por él. 


La comuna, comprensiva y abierta, tendrá que decidir si aceptar a la amante o respetar a la mujer reina-destronada. 


Anna cae abatida. Echa de menos a su marido y no sabe cómo salir de su élice de tristeza.  


La comuna, ya no parece tan ideal ni tan divertida. Y cuando un solo miembro sufre, también el grupo se resquebraja. 


Con unos extraordinarios actores y actrices de reparto, girando alrededor de una estrella con luz propia como es Trine Dyrholm, el último trabajo de Thomas Vinterberg nos emociona y nos sacude casi tanto como en La caza, film que también recomendábamos desde Observando Cine. Esos otoños daneses que invitan a la mucha compañía al lado de un buen fuego, cuando “el amor empieza a escasear en el mundo” señala uno de los protagonistas. Pero el amor libre no entiende de posesiones ¿no? Así pues… quizá la comuna no funcione cuando está en juego la supervivencia de un corazón demasiado sensible. Pero como nos recuerda la canción de la banda sonora: “sólo tenemos un día antes de marchitarnos”: ¡Descubramos qué nos entusiasma! 



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DECISIÓN DEL REY (KONGENS NEI)

(Dirigida por Erik Poppe, Noruega - 2016)


La película arranca con unas imágenes documentales de junio de 1908. La música de Johan Söderqvist (Una segunda oportunidad, Kon-Tiki, Déjame entrar, En un mundo mejor, Amor es todo lo que necesitas…) nos envuelve magníficamente hasta el final. 


Para su director, Erick Poppe (Mil veces buenas noches), la honestidad es el único camino para que el espectador acabe identificándose con el héroe. Así pues, el papel del director, como artista, es mostrar un film con preguntas abiertas y ocultar las respuestas personales. De esta forma, el espectador buscará nuevas perspectivas. 


Etiquetada como un film bélico sin serlo, como una película histórica sin serlo, La decisión del rey, representó a Noruega en la última edición de los Oscars y ha sido una de las más nominadas, premiadas y taquilleras, aunque no se alzara finalmente con la estatuilla como Mejor Película de habla no inglesa. Se trataba, al fin y al cabo, de llamar la atención sobre los horrores de la guerra… una vez más. 

 

“Espero que no acabemos en el lado equivocado de esta guerra” le dice la princesa Märtha interpretada por Tuva Novotny (Come, reza, ama) a su suegro el rey Haakon VII interpretado maravillosamente por Jesper Christensen (Melancolía, Casino Royale…). 


Estamos en abril de 1940. Noruega ha sido invadida por los alemanes. Un país que ya había sacrificado mucho por su neutralidad. Y mientras el rey y su hijo, el príncipe Olav interpretado por Anders Baasmo Christiensen (Kon-Tiki) permanecerán juntos para intentar mantener a esa Noruega democrática, libre e independiente, la princesa y los niños deben huir a Suecia. 


Llama la atención el bienintencionado Curt Bräuer interpretado por un enorme Karl Markovics (El gran Hotel Budapest) intentando evitar la aniquilación mutua, que es finalmente todo conflicto. Llama la atención la entrañable relación del rey y los niños, porque es finalmente un abuelo. Llama la atención el miedo y la indecisión del joven soldado, porque la muerte finalmente acaba con cualquier inocencia. 


Sin heroísmos, sin manipulaciones, sin presentar apenas batalla (como fue en realidad) nos encontramos con otra forma de presentar hechos históricos, la elegante (como fue la decisión). 




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THE SQUARE 
(Dirigida por Ruben Östlund – Suecia, 2017)


“No quiero producir una obra que el público pueda absorber estéticamente. Quiero darles un golpe en los riñones, un sobresalto que los saque de su indiferencia” INGMAR BERGMAN 


Sí. Nos atrevemos a afirmar que, Ruben Östlund, es ya digno heredero de nuestro idolatrado Ingmar Bergman. 

Si ya en Fuerza Mayor (2014) nos acorralaba entre la espada y el miedo, en The Square (2017) nos ahorca con la cuerda de nuestra propia debilidad. 


Christian (Claes Bang) es jefe de proyectos en el Museo de Arte Contemporáneo. Divorciado, exitoso, solidario… con la adecuada escala de valores, con la perfecta educación para sus hijas, con el respetuoso trato para sus ayudantes… Pero mientras él y su equipo trabaja en la nueva exposición del museo, una instalación que obliga al curioso visitante a transformarse en buen samaritano, le roban la cartera, el móvil y los gemelos en una plaza, a la vista de todo el mundo, en una mañana de camino al trabajo, cuando intenta socorrer a una joven que se suponía, huía de un presunto… ¿maltratador? 

Es la primera secuencia que los espectadores vemos (y vivimos) ya con miedo. Pero habrá muchas más. En los 144 minutos de metraje, desfilan racismos varios, estallidos de violencia, y fobias y miedos de doble dirección. De tal manera, que empezamos a oír esa voz interior que nos dice “esto va a acabar mal”. Seguro. Porque en la vida real estamos más que acostumbrados a que esas ficciones acaben en tragedia. Siempre. 


Dónde acaban los ideales y empiezan las utopías, dónde acaban nuestros derechos y empiezan nuestras obligaciones, dónde acaba el humor y empieza la crítica, dónde acaba el arte y empieza el marketing, dónde acaba el juego y empieza algo absurdo, dónde acaban nuestros valores y empiezan nuestros miedos… 

Ruben Östlund afirma participar de la visión de Hannah Arendt de un mundo que se torna inhumano, inhóspito a las necesidades humanas, cuando se le empuja con violencia, y su apuesta, era/es “el milagro de la acción” y no menos milagro, el de la confianza. 

The Square es una decidida llamada a la responsabilidad, una responsabilidad que aspira a remodelar el mundo aun sin poder dominarlo o, dicho en otras palabras, la cuestión de responsabilidad co-responde a la aspiración de encontrar un punto de acuerdo entre la receptividad y la acción, entre acoger y cambiar. 

The Square, Palma de Oro en Cannes y lo que le queda…


 
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