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FRANZ

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FRANZ LONE ABURAS (Trad. Blanca Ortiz) No me di cuenta hasta el momento en que Franz dejó el abrigo en la trastienda y lo tuve a mi lado detrás del mostrador. -           ¿Qué te ha ocurrido? –pregunté al reparar en la manga que le colgaba vacía y flácida. -           He tenido un accidente –contestó. -           ¿Durante las vacaciones? –me interesé sin poder apartar la vista del punto donde debería haber estado su brazo izquierdo. Él asintió. -           Un buen día me desperté en un hospital de Melbourne con uno solo. Señaló con la cabeza hacia la manga vacía. Luego se lanzó con brío a atender a una clienta que entraba en la tienda en ese mismo momento y logró envolver para regalo una lámpara enorme sin la menor dificultad. -       ...

SAMBO

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SAMBO CHRISTINA HAGEN (Trad. Blanca Ortiz) Y luego está Sambo. Desde que lo tengo con su piel de color negro pantera entre mi blanca ropa de cama, entre mis sábanas blancas, sé que he hecho un hallazgo de carácter excepcional. Es como si no respirase igual que los demás, como si su aliento de algún modo no fuera danés. Al acercar un poco a su cara negra me pasma no percibir ningún perfume, ningún olor, tanto que sigo acercándome hasta quedar retorcida entre las sábanas con todos los músculos en tensión. Tengo los pies colgando fuera de la cama y el vientre rígido. En esa tesitura estoy cuando, de pronto, abre los ojos. Sus enormes pupilas negras me anegan la vista y siento que me invaden de oscuridad y hondura. Como si su negrura fuese en aumento, se expandiera. Las pupilas se suelen encoger, se suelen contraer hasta quedar reducidas a insignificantes puntitos diminutos, pero las suyas no, las suyas se vuelven más y más grandes. No estoy muy segura de qué sig...

LA LEYENDA DE SANTA LUCÍA

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Hace cientos de años vivía al sur de Värmland una vieja dama rica y avara, llamada Rangela. Poseía un castillo –o mejor dicho, una granja fortificada-, situada sobre un promontorio, en la orilla de un golfo largo y estrecho por el que el Vänern penetraba profundamente en las tierras. Se llegaba allí por un puente levadizo. Doña Rangela sostenía en él guardianes que bajaban el puente cuando los viajeros accedían a pagar los derechos de peaje que ella exigía. Los que, a causa de su pobreza, o por cualquier otra razón, se negaban a pagar, se veían obligados –pues no existía vado alguno- a dar un rodeo de varías leguas para doblar el golfo. Aquel paraje arbitrario excitaba la cólera y la ira contra doña Rangela, es probable que los ásperos campesinos, sus vecinos, la hubieran obligado a conceder el libre paso, si ella no hubiera tenido un poderoso amigo y protector en la persona de sir Eskil de Boertsholm, cuyo señorío lindaba con el de doña Rangela. Este sir Eskil habit...

EL AVENTURERO

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EL AVENTURERO MIKA WALTARI (Trad. Pablo M. de Salinas) Ed. Plaza & Janés, Barcelona, 1976 Nací y me crié en una lejana región a la que los geógrafos llaman Finlandia; hermosos y apartado país desconocido para la mayoría de quienes se consideran cultos. Los pobladores del Sur se imaginan que esta tierra nórdica es desierta e inhóspita, que quienes en ella habitan son salvajes que se visten con pieles de animales selváticos y que, más que hombres libres, son esclavos del paganismo y la superstición. Semejante idea no puede ser más absurda. Finlandia alardea de poseer dos grandes ciudades: la fortificada Viborg, en el Este, y Aboa o Abo, donde nací, en el Sur. Por cuento hace al paganismo y a la superstición, debe saberse que Finlandia, durante muchas centurias, perteneció a la única y verdadera Iglesia, por más que en los tiempos que corren sus habitantes son juzgados como apóstatas, ya que bajo la férula del inhumano y rapaz rey Gustavo, esta tierra adoptó l...

EL ETRUSCO

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EL ETRUSCO MIKA WALTARI (Trad. Antonio Ribera Jorda) Ed. Plaza & Janés, Barcelona, 1975 - ¿Por qué escribo, pues? Escribo para conquistar el tiempo y para conocerme a mí mismo. Pero, ¿podré conquistar el tiempo? Esto jamás lo sabré porque ni siquiera sé si podrá sobrevivir aquello que estaba borrado y que he escrito de nuevo. Así, me contentaré con escribir para conocerme a mí mismo. Pero ante todo tomaré en mi diestra una piedra negra, suave al tacto, y escribiré cómo tuve el primer presentimiento de quién era yo en realidad, en lugar del que creía ser. Pág. 14 - El hombre que viajaba de Himera a Erix era un ser distinto al que había danzado bajo la tempestad en el camino de Delfos. Solemos cambiar lentamente durante las diversas fases de nuestra vida, hasta que, sorprendidos, nos damos cuenta de que nos resulta difícil reconocer a nuestro antiguo yo. De este modo la vida constituye una serie de nuevos nacimientos, y el comienzo de cada una de estas nuevas fases...

El canto de Lilith KARIN BOYE

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EL CANTO DE LILITH Las nubes cuelgan, pesadas, maduran en la tibia oscuridad, donde se esconden racimos de uvas de nocturno añil repletas de vino, que silenciosamente se vacían sobre la tierra, repletas del vino de la Profundidad, repletas del poder secreto succionando del mar y del cielo y amargo rocío en la región de la última tiniebla. El vapor caliente de la vida se condensa en gotas, cae en la noche mortalmente silenciosa. ¡Alza la copa! Vas a aprisionar la llave que conduce a donde nadie ha puesto su pisada, la tierra donde el espíritu, libremente, más allá de los límites del tiempo, disfruta durante eternidades cosas que nunca se imaginan, ni se ven, ni se sienten. Detrás de mundos en vigilia hierven extraños mares de deseo y de maldición, hornos de fundición de las profundidades, de los que saltó, como una salpicadura, cuanto podemos ver. ¿Te atreves a recorrer ese camino trazado en el ebrio arrebato del...